Antes de nada, quiero advertir de que para esta película he de hacer sí o sí uso de los semispoilers, pero no demasiado fuertes. No hay una mejor manera de opinar de esta cinta sin hacerlo. Si no la has visto y quieres ir completamente virgen, ve la peli primero. Si no te importa un par de explicaciones sin romperte mucho la trama, disfruta la crítica:
La primera vez que veo la película no la comprendo, así que mis primeros pensamientos son de intentar buscar una razón para justificar la tantísima fascinación que siente la gente con ella. Mantengo una conversación con mi chica al respecto, y ambos llegamos a las mismas conclusiones: pobre Bear (Michael Johnston), está sufriendo porque Nikki (Inde Navarrette) es una tóxica de manual. Me olvido por completo de la película porque me parece una especie de romcom en la que hay terror escondido, sin nada real que ofrecer. A pesar de que me la hayan pintado como una propuesta fresca y original, hay referencias clarísimas al cine de terror clásico y a otros filmes, así que eso de "original" no me parecía muy acertado.
Navego unos días por redes sociales y me encuentro con una cantidad ingente de publicaciones diciendo que Bear es el verdadero villano y que mucha gente no ha entendido la película. Ahí comienzo a asustarme. ¿Bear el malo? O yo me he perdido algo, o nadie se ha enterado de qué va realmente la movida, o cada quien da una lectura distinta. Lo de las lecturas múltiples tenía sentido para mí porque, en el fondo, 'Obsession' funciona como un retrato de una relación basada en la manipulación, la toxicidad y el control obsesivo. Todos estos factores nacen de un amor tan intenso que, paradójicamente, comienza a corromperse. Generalmente, cuando una relación se vuelve tóxica es porque una de las dos partes se obsesiona tanto con la otra que el amor empieza a ser de todo menos algo bueno. Partiendo de ese punto, pensaba que la película se interpretaba de diferentes maneras porque está relacionada con el amor, y del amor todo el mundo tiene una opinión distinta.
La cosa es que era la grandiosa mayoría los que opinaban lo mismo: Bear es el malo. Además, muchos de estos comentarios iban acompañados de un: "Si te sientes identificado con Bear, o lo defiendes, tú también eres un abusador". Y dije, wow, menudas declaraciones. A mí, que me encantó el personaje de Bear y lo estuve defendiendo internamente desde el principio, me costaba aceptar que yo estuviera equivocado. De hecho, escribí una primera versión de esta crítica tratando de justificar por qué Bear era el manipulado y no el manipulador. Y en un principio tenía sentido; era capaz de justificar todos sus comportamientos sin sentirme yo como una mala persona con las mismas conductas.
Lo curioso es que cuanto más pensaba en la actitud de Bear y recreaba las secuencias en mi cabeza para defenderlo como la víctima, más me costaba hacerlo. ¿Por qué? Porque la primera vez solo leí las primeras capas de un drama romántico, pero no fui al subtexto. No me paré a analizar la escala de los planos, la puesta en escena, el lenguaje que utiliza el director para dejar claro todo ni las palabras exactas que se dicen el uno al otro. Cosa que es rara en mí, porque siempre me fijo en estos detalles, y más aún cuando me "dedico" a criticar películas en internet. Decidí volver a ver algunas escenas para desmontar el rompecabezas y, en efecto, me di cuenta de muchas cosas de las que no me percaté en un primer momento.
La primera pregunta que me hice, y que cambió mi respuesta ante la película radicalmente, fue: ¿Yo manipularía indirectamente a alguien para alterar sus decisiones y obligarle a decirme lo que quiero escuchar? O peor aún, si un amigo lo hiciera, ¿yo me quedaría tranquilo? La respuesta fue un rotundo no.
Cierto es que el detonante de romper una madera para pedir un deseo me parece demasiado ficticio y fantasioso para tomarse el resto de la historia de manera realista. Parte de un elemento sobrenatural que no es real, y desde aquí el tratamiento del misterio y los giros de tuerca me recuerdan todo el tiempo a 'Weapons' y a 'Barbarian' (mi pareja misma me lo dijo antes de yo comentarlo, así que sé que no soy el único que lo pensó). Yo no me tomé demasiado en serio ese gesto al principio porque, para que el guion exista, se necesita un incidente incitador; si Bear no hacía eso, no había película. Pero más allá del recurso fantástico, caí en la cuenta de que desear que alguien te quiera por encima de todo implica que, para el funcionamiento de ese deseo, para la otra persona deja de existir el derecho al "no". Entonces, implícitamente, estás anulando su consentimiento y manipulando su respuesta. Y ese es el primer error que convierte a un chico supuestamente inocente en un manipulador.
Aun así, quiero explicarme bien antes de que nadie me llame abusador por "defender" a Bear. Al principio, Bear es un chico inocente que está enamorado de Nikki, una amiga que para él lo es todo. Esto lo sostiene el brillante diálogo inicial con sus amigos —literalmente la primera secuencia de la peli—, donde declara su amor por ella buscando el apoyo de su grupo para atreverse a confesarlo. Ahí es donde uno nota que Barker escribe diálogos excelentes. Luego vemos cómo pide ayuda a su amigo Ian (Cooper Tomlinson) para afrontar esa declaración que podría salir completamente mal. Por razones que luego se explican, Bear es interrumpido justo cuando está a punto de dar el paso. Esto lo lleva a tomar una vía fácil y desesperada: el deseo de la madera.
Aquí conviven dos lecturas del personaje que demuestran lo bien construido que está el guion:
· La lectura de la víctima trágica: Bear no es un mal chico de entrada; toma una acción incorrecta de la que no es consciente del todo en un primer momento y termina siendo la propia víctima de su condena. Quizá le faltó un colega que le parara los pies y le dijera: "Bear, no hagas esto, no es buena idea". Él busca un amor auténtico, bonito y verdadero, y su arrepentimiento posterior demuestra que no planeaba esa monstruosidad.
· La lectura del manipulador consciente: En cuanto empieza a notar que las actitudes de Nikki se ven alteradas de forma extrema y dañina, él se da cuenta de que es por culpa de su deseo y no hace nada al respecto. Se aprovecha de la situación. Es ahí donde se convierte en un cabrón.
Barker construye tan bien este arquetipo de <<nice guy>> (que no es un cobarde, porque al menos intentó declararse de frente al principio) que nos engaña por completo para confundirnos como espectadores. Bear sufre las consecuencias de un deseo exagerado, pero conforme la situación se le va de las manos, toma decisiones que no son defendibles.
Mi negativa ante la peli en el primer visionado también venía de que el ritmo se me hizo muy lento; Barker no consiguió atraparme y me aburrí tanto que me entró sueño en dos ocasiones. Además, todos los personajes me caían absolutamente mal, salvo Bear. Ian me parece el mayor hijo de puta de la historia del cine reciente, Nikki me parecía la típica niña pedante, gritona e insoportable, y Bear me parecía un pagafantas que se dejaría pisar con tal de sentir cerca a una mujer. Detalles como el cerrar la puerta con cinta adhesiva, las discusiones de pareja calcadas y los comportamientos celosos en grupo me hacían verla como una película de terror psicológico con rasgos de romcom muy normalita. Incluso el final me dejó totalmente confuso la primera vez.
Sin embargo, en el segundo vistazo, analizándolo milimétricamente, me doy cuenta de que Barker tiene bajo su control todos y cada uno de los aspectos del lenguaje cinematográfico. Una de las escenas que más me fascinan por su uso de la puesta en escena ocurre cuando Bear está buscando en internet los síntomas y causas del comportamiento extraño de Nikki. Esto subraya su contradicción interna: hace como que no sabe qué pasa, buscando información para autoconvencerse de que es inocente, cuando en el fondo sabe perfectamente que ha alterado la realidad.
En ese momento, Nikki llama a la puerta. Cuando Bear abre, Barker utiliza una iluminación expresionista y terrorífica: la silueta de Nikki se refleja oscura, y en sus ojos se aprecian unos puntos blancos fijos que transmiten un mal rollo impresionante, una clave visual que grita peligro, advirtiéndonos que esa no es la Nikki real, sino una versión poseída y alienada capaz de todo. Lo brillante viene justo después: al entrar a la casa de Bear, la iluminación cambia por completo a un esquema naturalista de luces cálidas y acogedoras. Visualmente te relaja, te dice que todo ha pasado, mostrando a una chica tranquila y dulce... pero el director mantiene un detalle perturbador en el encuadre. Barker juega con los entresijos del plano, el sonido y las expresiones corporales para meterte el terror en el cuerpo a través del subtexto visual.
Todo este engranaje funciona por el desarrollo de personajes y el nivel interpretativo. Me negaba a reconocer el mérito actoral de Inde Navarrette porque su personaje me irritaba, pero analizándolo en frío, su trabajo es increíble. Logra una especie de esquizofrenia actoral controlada a través de cambios de actitud instantáneos. Es capaz de mostrarse completamente poseída y, en un parpadeo, volver a estar lúcida, alternando dinámicas de ruego, gritos, sumisión y reclamos afectivos. Me engaña a mí como espectador de la misma forma que engaña a Bear. Tiene una definición corporal brutal que me recordó muchísimo a la locura magnética de Mia Goth en 'Pearl'.
Al final, la película nos pone un espejo incómodo como sociedad. Viendo las reacciones en redes, me hace mucha gracia la hipocresía que hay hoy en día en plataformas como Instagram o TikTok, donde te cansas de ver vídeos y tutoriales de gente enseñando cómo hacer "amarres" o hechizos para atraer y amarrar a la persona que les gusta, y luego esas mismas personas van a los comentarios a linchar las acciones de Bear.
'Obsession' toma esa conducta tan real y actual —el querer moldear psicológicamente al otro por puro egoísmo y capricho— y la lleva a una exageración dramática necesaria para que el thriller funcione. Aunque Bear no ejerza una violencia física o verbal directa, utiliza un catalizador externo (el hechizo) para forzar un afecto artificial, arrastrando a Nikki a un pozo de sufrimiento y convirtiéndose él mismo en el verdugo de su propia historia.
'Obsession' es una de las películas más importantes del cine psicológico actual. No es un producto perezoso hecho por hacer; Barker demuestra una intención autoral impecable en la dirección y la escritura, entrelazando de forma exquisita dos tipos de historias: la superficie de un chico sufriendo una relación tóxica, y el subtexto de un manipulador que se convierte en la víctima de su propio control. Una obra redonda en su puesta en escena que, sin duda alguna, está destinada a convertirse en una pieza de culto del cine moderno.
Para los que ya la hayan visto y quieran profundizar en cómo encajan perfectamente las piezas del clímax, desgloso todos los detalles técnicos y narrativos en mi análisis con spoilers.
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