Siempre he pensado que la idea del terror diurno era mala, pero fue solo una conclusión errónea a la que llegué cuando vi por primera vez 'Midsommar'. La odié tanto que rechacé en absoluto cualquier película que implicase este tipo de horror. Sin embargo, 'Los pájaros' de Hitchcock es diferente. Ofrece un terror que no es únicamente físico, sino también psicológico: una degradación psíquica en la que todos los personajes convergen por un mismo motivo no explicado explícitamente: los pájaros.
¿Es el mayor efecto McGuffin de la historia del cine? No lo creo, porque seguro que hay miles de ejemplos mucho más claros. Pero claro está que estas aves son solo una excusa para crispar a los personajes y someterlos a un proceso de trasgresión mental. A Hitchcock le encantaba trastornar a sus figuras y no necesitaba grandes pretextos para hacerlo.
Pero la idea de las aves es lo de menos. Es el montaje lo que me hace gustar. Un trabajo impecable de George Tomasini bajo la dirección de Hitchcock y con unos efectos de Larry Hampton y Ub Iwerks que, si bien no han envejecido a la perfección, resultan sumamente efectivos. La narrativa nunca pierde el eje y menos aún el impacto dramático. Y ese efecto dramático es lo que verdaderamente valoro. Es sumamente importante sentirse envuelto en una historia de este calibre, que juega constantemente a dar giros a la psicología de sus personajes. Necesita figuras con pasados no necesariamente traumáticos, pero sí con aristas, pues esas curvas son la razón perfecta para dar paso a un lento proceso de desmoralización.
Los efectos psicológicos secundarios son el terror y el pánico, dos sensaciones muy presentes durante varias secuencias, como cuando Melanie Daniels (Tippi Hedren) está fumando un cigarrillo en el parque de la escuela del pueblo. Es una escena que se sostiene únicamente sobre una pista sonora de voces infantiles; no necesito nada más para considerarla una de las imágenes más oscuras del cine, sobre todo teniendo en cuenta los fotogramas de las bandadas de pájaros, cuya cromaticidad casi en blanco y negro sienta como anillo al dedo a la atmósfera sonora. Es profundamente inquietante.
La banda sonora rompe con las tradicionales melodías musicales para convertir los sonidos diegéticos (los ruidos internos de la escena) en la propia música. ¿Para qué necesitar chirriantes notas si se puede provocar una mayor perturbación jugando con las jerarquías sonoras y dejando que el espectador imagine en su cabeza los graznidos de los pájaros cuando ni siquiera se escuchan?
Pero si hablamos de secuencias, debo mencionar una que me mantuvo casi de pie en la silla: la explosión en la gasolinera. Aunque no sea por los efectos o el montaje por lo que aprecio este momento, me fascinan las alocadas reacciones de los personajes al darse cuenta de que todo va a volar por los aires. En ese instante, yo pertenecía plenamente al grupo dentro de la cafetería que le gritaba desesperado a aquel hombre que no se encendiera el cigarrillo.
Tippi Hedren como la señorita Daniels, actriz que menciono previamente, me hace creer que se ha vuelto loca de verdad. No de estar enferma de la cabeza, sino porque realmente lo ha pasado tan mal que el trauma la termina quebrando por completo. Después de ver la película, me pregunto si la actriz estaría sufriendo así de verdad o si padecería consecuencias psicológicas reales, de forma muy similar a Shelley Duvall en 'El resplandor'. Pienso en ella y lo primero que se me viene a la cabeza es ese paralelismo tan claro con 'Psicosis' a medida que la película se acerca a sus tramos finales. Es claramente una referencia o una reutilización de elementos narrativos, pues el montaje es idéntico y el efecto de desesperación resulta exactamente el mismo.
Pero para 'Psicosis', Jessica Tandy como Lydia Brenner, en paralelo con la madre de Norman Bates (Anthony Perkins). Dos figuras casi idénticas que basan su comportamiento en el pavor provocado por el miedo al abandono familiar. Incluso podría pensarse que 'Psicosis' y 'Los pájaros' son casi la misma película con el mismo resultado, aunque con distinta ejecución.
El tratamiento, en general, de sus personajes femeninos dentro de la ficción me parece acertado, pues son tratadas como humanas con sus miedos, traumas y dudas. Tras ver la obra, me preguntaba qué es lo que tiene para que muchas mujeres estudiantes de cine se nieguen a verla, colocándola como la mayor tragedia del desgraciado Hitchcock. Una vez que conozco la intrahistoria, no me extraña en absoluto ese odio comprensible hacia el director. Mantener esas actitudes de acoso y maltrato con las actrices en los rodajes es de ser un desecho de persona. Lo trágico es que son escenas imponentes en la pantalla: no justifico en absoluto las formas —son deleznables—, pero tampoco se puede negar el impacto visual del resultado.
Gran parte de ese impacto visual viene de parte del grandioso Robert Burks y su manera de captar el escenario. Menudas imágenes tan impresionantes nos deja. Quedo absolutamente fascinado por la forma en que Hitchcock encuadra a sus personajes, así como sus pensamientos, sentimientos, esperanzas y miedos. Son espacios que transmiten un verdadero pánico, con un augurio tan cargado de falsas esperanzas como de peligros inminentes.
'Los pájaros' me gusta por lo que logra hacerme sentir: una intranquilidad constante que no suelo percibir en el cine en general, porque normalmente esas atmósferas no logran aplacarme. Es un claro ejemplo de clásico trascendental del género empañado por asquerosas experiencias de rodaje. Por desgracia, no es el único caso. Lo cierto es que, si uno no conoce las formas del director, puede colocarlo en un pedestal. Me gustaría hacerlo porque era bueno haciendo películas, pero me resulta imposible endiosar a un ser tan despreciable.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!