La violenta desfachatez de Hitchcock | Crítica de 'La ventana indiscreta' con SEMISPOILERS (1956)
04 Aug 2026 · 9 visitas

Los más "allegados" del director o los más entendidos de su figura saben, o deberían saber, que una de las figuras más representativas del séptimo arte y más influyentes del mismo es bien conocido por una cualidad que para muchos sería razón suficiente para un buen castigo. No diré qué tipos de castigos, pues de hecho, uno de ellos se menciona en la película. Hitchcock era un voyeur profesional, algo que siempre recalca mi padre cada vez que le menciono su ingeniosidad. ¿Qué es un voyeur y por qué es tan importante el término? Un voyeur es una persona que disfruta observando, generalmente desde el sentido sexual, aunque no sé con qué intenciones disfruta este hombre. Hitchcock era profundamente conocido por ser uno. Nunca me han interesado los detalles o por qué lo hace, porque ya el simple hecho de llevar a cabo la acción es raro. Pero una cosa no quita la otra: Hitchcock era uno jodido genio haciendo cine.


Este fundamento necesita ser mencionado precisamente porque 'La ventana indiscreta' es un filme que cuenta la historia de un "voyeur" (entre comillas porque no se atiene a la definición de <<voyeurista>> en relación al placer sexual) que se pasa el día observando la vida de sus vecinos. Es un fotógrafo que no puede caminar porque ha tenido un accidente, y su único pasatiempo es fijarse en cómo vive su vecindario. En una de estas veces que mira de forma "inocente" de percata de algo: un misterioso acontecimiento.

Es completamente comprensible que esta película, a pesar de jugar a la contra de la moralidad y la ética de más de uno, sea considerada una de las grandes obras maestras del cine clásico. Y es algo que precisamente me divide mucho internamente, que es de lo que trata la película: observar la vida ajena. La vida del resto me importa muy poco. No soy alguien que se dedique a mirar qué hacen los vecinos, ni me interesa conocer sus problemas cotidianos. Si alguna vez lo hago, es para fijarme en el interior de una vivienda por mera curiosidad hacia la decoración, más que por las personas que viven dentro. Lo de fijarme en la estilización de un salón a la vista de una entrada abierta viene de vivir en un pueblo donde hay casas con carteles en su entrada, indicando la antigüedad de las mismas, que casi siempre son de un par de décadas mínimo. Por eso, durante buena parte del metraje me cuesta implicarme emocionalmente con las pequeñas historias que Hitchcock plantea alrededor de Jeff (James Stewart). Eso y que, en ocasiones, me produce distanciamientos con la propia trama. Si no me llega a interesar del todo lo que se cuenta, desconecto.


Ahora bien, una cosa es mi ética o mi forma de entender la vida, y otra muy distinta la funcionalidad de la película. Es comprensible para que la propuesta funcione. Es una construcción de un mundo a través de esas observaciones. Si alguien defendiese que estas "subtramas" son innecesarias, estaría admitiendo no entender la naturaleza del filme. ¿Que no estás de acuerdo con el voyeurismo? Perfecto, es lo más entendible si nos regimos por la ética. ¿Que no es importante? No has entendido de qué va el tema.


Por eso, 'La ventana indiscreta' me provoca un choque. Por un lado, es indiscutible la maestría con la que esta narrativa está construida; por otro, la premisa de la que parte esa narrativa, con la que no conecto. La existencia de mis vecinos me da exactamente igual; si alguna vez me pongo a mirar hacia una viviendo a través de la puerta o la ventana es por deleitarme de la decoración de los interiores para tomar ideas para mi futura casa, jamás para saber qué hace la gente. No soy del mismo bando que Jeff, el protagonista que sí es un cotilla, siendo incapaz de aceptar su propia situación de invalidez corporal y sus conflictos personales, refugiándose en la vida de los demás a través de las ventanas ajenas. Es una vía de escape tan humana y patética a la vez...

Lo que sí me encanta desde un primer momento es la forma en que Hitchcock plantea el misterio y maneja el punto de vista de los personajes, de los que no sabemos nada en primera instancia. Una secuencia en la que la vecina que parece tener la intención de tomar el sol aconseja a su vecino, que tiene delante, no cavar demasiado hondo en las flores. Pero este responde agresivamente con un "cállese". Es una discusión sin mayor importancia, de las que me dan igual. Esto no genera ningún tipo de incomodidad a Jeff, nuestro protagonista, sino que empatiza con esa mujer. Al momento, llega Stella, su cuidadora, y la conversación pasa de ser exterior, sobre las flores, a interior, acerca de la vida sentimentalista y amorosa de Jeff, la cual gira en torno a una chica preciosa llamada Lisa. Stella le hace masajes a Jeff en la espalda con lo que supongo que es un aceite corporal, cuando termina de realizar la tarea, él le pide entre risas un bocadillo, y cuando ella va a la cocina, este vuelve a observar por la ventana. El hombre de entonación agresiva está caminando hacia la puerta de su edificio, dando la espalda a la cámara; la mujer a la que manda a callar previamente, no muestra movimientos o signos de vida, además tiene el periódico cubriéndole la cara.


La clave no está en lo que ocurre, que podría ser simplemente que el hombre termina con sus flores y, la mujer duerme una siesta mientras se tapa la cara del sol con el periódico, por ejemplo. ¿Por qué habría que buscar las cosquillas a la situación? Es el montaje lo que sentencia las primeras impresiones: en cuestión de un segundo, la sonrisa de Jeff al pedir el bocadillo desaparece cuando mira por la ventana, y es cuando posteriormente vemos a los vecinos en ese "extraño" estado. La conversación entre el protagonista y su cuidadora nos distrae, nos hemos perdido el momento exacto del suceso, si es que ha pasado algo. Estamos en el mismo nivel que él: sabemos que algo ha pasado, pero ignoramos el qué y el cómo.

Lo curioso también, además de esa secuencia en concreto, es el juego de los espacios, porque aunque se trate técnicamente de una cámara fija situada en la habitación de Jeff cotilleando sus alrededores, narrativamente sí que nos desplazamos hacia los demás lugares. De hecho, visitamos casi todas las casas que se encuadran en el plano. Por ejemplo, cuando nos adentramos en el piso del principal sospechoso, que curiosamente, Hitchcock decide echar la cruz con una lámpara de color rojo en su pasillo, para que no nos olvidemos de él. Precisamente, cuando estamos casi dentro de ese piso, Jeff queda en completo silencio, y eso recalca nuestra posición: ya no estamos en el piso del lisiado, sino en el del hombre que, presuntamente, ha hecho algo de lo que no tenemos constancia ni pruebas.


Por esta misma razón, no compro el discurso de que la historia transcurre en una sola localización. Aunque el encuadre parta del apartamento, porque si la cámara hiciera un zoom out --movimiento que hace constantemente con paneos--, volveríamos a estar siempre desde ese mismo lugar. Pero, en realidad, viajamos por el patio interior, el jardín, los pisos adyacentes, la esquina donde pasan los coches de la calle...

Me alegra el alma poder alabar los diálogos de esta película. Hay un trabajo lírico, estilístico y elemental en el uso de la palabra que es fascinante: los personajes hablan con ingenio, ritmo y elegancia. En una conversación que para los personajes sería cotidiana, se esconde un profundo sentido del humor, un miedo y un misterio que se van desenmascarando a medida que se desarrollan los perfiles y el amor, el motor principal que mueve a Jeff. Hace tiempo que no me topo con películas que tengan buenas estructuras dialogantes, con un correcto uso de las palabras y sepan transmitir, que no se limiten solo a hablar o decir lo que el guion indica.


Cautivadora es también la música que, en un principio es extradiegética, porque de momento, no pertenece al entorno narrativo de la historia, sino a la melodía que se origina después de un bonito plano entre Jeff y Lisa teniendo un momento de pareja. Esta música pasa de ser extradiegética a diegética, porque ya no solo es del montaje externo del film, sino que ahora es Lisa la principal oyente, alabando el talento del pianista que vive al lado.


No solo ese detalle es lo que hace digno de reconocimientos el montaje, sino la forma en que los estilos de los personajes marcan sus objetivos, sus personalidades y sus actitudes frente a la vida. Hasta ahora, sabemos que Jeff es un fotógrafo acostumbrado a la vida "simple", mientras que Lisa pertenece a las altas clases, la cual es reprendida varias veces por su amado por no saber soltar un vestido de alta gama, aunque sea para cenar en su propio piso tranquilamente. Es una cuestión que también tiene su propio clímax en más de una ocasión, y aquí viene la primera. Cuando en la misma secuencia de la música, Lisa ha dejado antes un maletín con su pijama de delicados tejidos para, a cambio de quedarse con él a dormir, le ayudará a resolver el misterioso caso que lo envuelve tanto. Se quiere acostumbrar a su vida "simplista" sin dejar de lado su actitud de clase alta.

A estas alturas y aun quedándome película por ver mientras tomo los apuntes rápidos, la relación entre ambos es lo que más interés me genera. No tanto el desarrollo de la investigación o el manejo de la sospecha que se vuelve cada vez más sofocante. La figura del detective Doyle es un ejemplo perfecto de cómo generar desconfianza en menos de cinco minutos. Durante la llamada telefónica que recibe en la casa de Jeff, Hitchcock hace que la voz al otro lado del teléfono sea ininteligible para que ni Jeff ni nosotros podamos enterarnos de nada. Acto seguido, el detective dice que el vecino podría ser tan asesino como él mismo. Se gana nuestra duda, no sin motivo, y, a partir de este punto, no sabemos si es un canal informativo, si es el tipo más incompetente del mundo o si estamos ante el mayor cómplice de la historia del cine. Una incertidumbre que por un momento pesa más que el misterio en sí mismo.


Debo admitir que en algunos momentos se me hace pesada la cosa y hasta larga. No es un error de ritmo o dirección, sino una barrera personal con la temática ya explicada anteriormente. Lo peor no es que no me interesen esos personajes que son vigilados eternamente, sino que esos elementos son casi tan importantes como la actitud de Jeff. Son la representación de la forma de pensamiento y filosofía del protagonista. Una pareja felizmente casada, representa el miedo al compromiso; la mujer con el corazón roto, su miedo a la soledad... Y algunos dicen que no aportan nada.


El desenlace es una de las construcciones climáticas más brillantes y efectivas que he visto en el cine clásico. Hitchcock reúne perfectamente la tensión del escondite, la fisicidad de las peleas, el peligro de ser descubiertos y el silencio que todo requiere para escuchar lo más importante, unas pisadas que pueden ser el fin para uno u otro. Los planos de corta duración captan las reacciones en crudo, rompiendo con la pausa de los largos planos y demostrando cómo así este director está a años luz de la mayoría. 'La ventana indiscreta' no es mi favorita, porque 'Atormentada' ocupa ese lugar desde hace meses, pero es una demostración incontenible de talento, técnica y demonio del cine.

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