Cuando pensamos en el nacimiento del cine, casi siempre aparece la misma fecha: el 28 de diciembre de 1895. Ese día, los hermanos Lumière realizaron su famosa proyección pública en el Salon Indien du Grand Café de París y, durante más de un siglo, esa sesión ha sido presentada como el momento en el que nació el cine. Sin embargo, cuanto más se estudian los orígenes del medio, más evidente resulta que la historia es bastante más compleja. El problema no es que los Lumière no fueran importantes. Lo fueron. El problema es asumir que todo comenzó con ellos.
Para entenderlo hay que retroceder varios años antes de 1895. Concretamente hasta 1892. Ese año, el inventor francés Émile Reynaud comenzó a ofrecer en el Musée Grévin de París unas funciones conocidas como Pantomimas Luminosas. Y aquí es donde la historia se vuelve especialmente interesante, porque muchas de las cosas que solemos asociar al cine ya estaban presentes en aquellas exhibiciones. Había una sala dedicada al espectáculo, un público que pagaba una entrada, una pantalla sobre la que se proyectaban imágenes en movimiento y una historia desarrollándose ante los espectadores. Obras como 'Pauvre Pierrot', 'Le Clown et ses Chiens' o 'Un Bon Bock' presentaban personajes, situaciones narrativas y una duración considerablemente mayor que muchas de las películas que llegarían años después.
Entonces, ¿por qué casi nadie menciona a Reynaud cuando se habla del nacimiento del cine? La respuesta se encuentra en la tecnología que utilizaba. Sus imágenes no procedían de una cámara cinematográfica. No registraban la realidad mediante fotografía. Eran dibujos pintados a mano sobre largas bandas transparentes y proyectados mediante un sistema propio llamado <<Théâtre Optique>>. Sin embargo, si definimos el cine como un espectáculo basado en imágenes en movimiento proyectadas ante un público que paga una entrada, resulta difícil negar que Reynaud ya estaba haciendo algo extraordinariamente parecido al cine tres años antes de los Lumière.
Avanzando hasta 1895 encontramos otro capítulo que suele quedar eclipsado por la historia tradicional. El 1 de noviembre de ese año, los hermanos alemanes Max y Emil Skladanowsky realizaron en el Wintergarten de Berlín una serie de exhibiciones públicas utilizando una máquina llamada Bioscop. Los espectadores compraban una entrada, se sentaban frente a una pantalla y contemplaban películas proyectadas para una audiencia colectiva. Entre ellas se encontraba la hoy famosa 'Boxing Kangaroo', una pieza tan extraña como fascinante en la que un hombre disfrazado de canguro participa en un combate de boxeo. Puede parecer una simple curiosidad, pero representa algo mucho más importante: demuestra que las proyecciones públicas de películas existían antes de la célebre sesión de los Lumière en París.
Woodville Latham, inventor y empresario estadounidense, presentó el 20 de mayo de 1895 en Nueva York un aparato llamado Eidoloscope. Con él proyectó públicamente el combate de boxeo Leonard-Cushing Fight ante espectadores que habían pagado una entrada para asistir al evento. Este dato suele pasar desapercibido en los relatos tradicionales sobre los orígenes del cine, pero tiene una enorme importancia histórica: ocurrió varios meses antes de las exhibiciones de los hermanos Skladanowsky en Berlín y más de siete meses antes de la famosa sesión de los Lumière en París. Si hablamos específicamente de películas fotográficas proyectadas ante un público de pago, la candidatura de Latham como uno de los primeros grandes exhibidores cinematográficos es extraordinariamente sólida. Aunque su sistema no alcanzó el éxito internacional ni la influencia posterior del Cinématographe, su trabajo demuestra que la exhibición pública de películas no comenzó de repente en diciembre de 1895, sino que formaba parte de un proceso mucho más amplio en el que varios inventores estaban llegando a ideas similares casi al mismo tiempo.
De hecho, entre la primera exhibición de los Skladanowsky y la de los Lumière transcurrieron casi dos meses completos. Esto significa que, si el criterio para determinar el nacimiento del cine fuese simplemente la primera proyección pública de películas ante espectadores de pago, los alemanes tendrían un argumento muy sólido para reclamar ese mérito. Sin embargo, la historia rara vez premia únicamente a quien llega primero.
El gran problema de los Skladanowsky fue que su tecnología tenía limitaciones importantes. El Bioscop funcionaba mediante dos bandas de película independientes que se alternaban durante la proyección. Esto hacía que el sistema fuera más complejo, más aparatoso y menos eficiente que otras alternativas que estaban surgiendo al mismo tiempo. Además, su capacidad para expandirse comercialmente era reducida. Mientras los alemanes intentaban perfeccionar una tecnología difícil de estandarizar, los Lumière estaban desarrollando una solución mucho más práctica.
Woodville Latham, inventor y empresario estadounidense, presentó el 20 de mayo de 1895 en Nueva York un aparato llamado Eidoloscope. Con él proyectó públicamente el combate de boxeo Leonard-Cushing Fight ante espectadores que habían pagado una entrada para asistir al evento. Este dato suele pasar desapercibido en los relatos tradicionales sobre los orígenes del cine, pero tiene una enorme importancia histórica: ocurrió varios meses antes de las exhibiciones de los hermanos Skladanowsky en Berlín y más de siete meses antes de la famosa sesión de los Lumière en París. Si hablamos específicamente de películas fotográficas proyectadas ante un público de pago, la candidatura de Latham como uno de los primeros grandes exhibidores cinematográficos es extraordinariamente sólida. Aunque su sistema no alcanzó el éxito internacional ni la influencia posterior del Cinématographe, su trabajo demuestra que la exhibición pública de películas no comenzó de repente en diciembre de 1895, sino que formaba parte de un proceso mucho más amplio en el que varios inventores estaban llegando a ideas similares casi al mismo tiempo.
Y aquí llegamos finalmente al famoso 28 de diciembre de 1895. Aquella noche, los hermanos Lumière realizaron en París una exhibición pública que pasaría a la historia. Lo importante, sin embargo, no es simplemente que proyectaran películas. Otros ya lo habían hecho. Lo realmente revolucionario fue el sistema que utilizaron. Su Cinématographe era una máquina relativamente ligera, eficiente y versátil. A diferencia de muchos competidores, podía grabar imágenes, copiarlas y proyectarlas utilizando un mismo aparato. Esto facilitaba enormemente la producción y distribución de películas y permitía que el modelo pudiera reproducirse con rapidez en distintos lugares del mundo.
Por eso los Lumière terminaron ocupando un lugar central en la historia del cine. No necesariamente porque fueran los primeros en filmar, ni los primeros en proyectar imágenes en movimiento, ni siquiera los primeros en organizar espectáculos públicos de este tipo. Lo que consiguieron fue algo quizá más importante: convertir una tecnología experimental en una industria viable y exportable. Mientras otros pioneros quedaban limitados por sus sistemas técnicos, los Lumière lograron establecer un modelo que podía extenderse internacionalmente.
Todo esto plantea una cuestión fundamental. ¿Qué entendemos exactamente por nacimiento del cine? Si hablamos de la primera experiencia cinematográfica entendida como una sala oscura, una pantalla y un público pagando por ver imágenes en movimiento, entonces Émile Reynaud tiene una candidatura extraordinariamente fuerte desde 1892. Si hablamos de las primeras proyecciones públicas de películas fotográficas ante espectadores de pago, Woodville Latham aparece antes que los hermanos Skladanowsky en mayo de 1895, y estos a su vez se adelantan a los Lumière en noviembre de ese mismo año. Y si hablamos del sistema que realmente consiguió popularizar el medio y convertirlo en una industria global, entonces el papel de los Lumière resulta difícil de discutir.
Por eso quizá la pregunta correcta no sea quién inventó el cine ni cuándo nació exactamente. Tal vez la historia real sea mucho más interesante que cualquier respuesta simple. Porque el cine no surgió de una única persona, una única máquina o una única fecha. Surgió a través de un proceso gradual en el que distintos inventores fueron aportando piezas diferentes. Reynaud aportó la experiencia de espectáculo narrativo proyectado ante un público. Latham demostró que las películas fotográficas podían exhibirse comercialmente ante espectadores de pago. Los Skladanowsky consolidaron esa idea como atracción pública. Y los Lumière desarrollaron el sistema que terminó imponiéndose internacionalmente.
Y visto desde esta perspectiva, el origen del cine no está únicamente en aquel tren llegando a una estación en París. Tampoco únicamente en un canguro boxeando en Berlín. Ni siquiera exclusivamente en las animaciones de Reynaud. Está en la suma de todos esos momentos, porque cada uno de ellos contribuyó a construir algo que todavía estaba intentando descubrir qué quería ser.
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