Hay algo mucho más problemático que el casting en 'La odisea', o en cualquier otra producción que busque cumplir con las exigencias sociales y la agenda de turno. Algo que me molesta bastante más que una Helena de Troya negra o que un guionista invente tramas en el intento de adaptar un texto clásico: el hecho de rodar una película completa en un formato de imagen que el 99% del público no va a poder disfrutar jamás.
IMAX 70mm representa el pico máximo de calidad cinematográfica en la actualidad. Si apenas se producen obras bajo este estándar es por una doble barrera: la escasez crítica de salas capaces de proyectarlo y unos costes de producción tan desorbitados que rozan el suicidio económico. Christopher Nolan se ha erigido como el gran exponente de este nivel de exigencia técnica. Entiendo y agradezco enormemente su pasión como espectador; se nota el mimo por el séptimo arte al regalar lo que promete ser la película del siglo. Sin embargo, la paradoja surge cuando la búsqueda de la excelencia ignora por completo la accesibilidad real. Con solo entre 30 y 41 cines en todo el mundo preparados para IMAX 70mm, ver la obra tal y como fue concebida se convierte en un privilegio reservado a una minoría.
En España la situación es demoledora: no existe ni una sola sala que combine ambas características a la vez. Esto no es solo un debate de resolución (donde el celuloide en 70mm equivale a unos 18K --aunque a la hora de la verdad sea sean 6k-8k-- frente a los 2K o 4K comerciales), sino un problema severo de composición visual. Para proyectar la película en una pantalla estándar, es necesario amputar la imagen por arriba y por abajo. Quienes minimizan esta pérdida argumentan que "lo importante siempre se encuadra en el centro", pero para los apasionados de la técnica y de la inmersión espacial, perder casi la mitad del encuadre es perjudicial. Aunque los laterales o los extremos verticales no contengan elementos narrativos clave, aportan una monumentalidad irremplazable.
He leído a usuarios relatar que algunas salas de cine tratan de respetar esta relación de aspecto colocando bandas negras a los lados. Yo he visto 'La odisea' en 4K ATMOS, porque una mejor oferta no había. Claro que me ha encantado ver una obra de tal calibre en la pantalla grande, pero el ataque de los lestrigones o los viajes por el mar se reducen en impacto. Siguen impresionando por cómo funcionan dentro de la protección que ofrecen los demás aspectos, conformando una puesta en escena altamente sofisticada, pero estoy seguro de que ver la embarcación de Odiseo en el marco visual deseado habría sido algo completamente distinto. ¿Lo importante está en el centro? Sí, en realidad, lo que interesa ver no queda fuera del margen. Sin embargo, lo que mucha gente ignora al responder eso es la profundidad escenográfica, que no existe. Y estoy seguro de que, si gran parte de los que desprecian esas franjas viesen todo lo que se debería ver en la imagen, se retractarían de echar por la borda ese 40% de información perdida.
Lo peor es que defiendo una condición de la que ni siquiera puedo ser partícipe: no puedo costearme un viaje al extranjero para ir a un cine especializado, ni podré recuperar esa fidelidad en streaming (seguramente) o formato doméstico (Blu-ray/4K), ya que la industria siempre tiende a lanzar sus lanzamientos al estándar comercial de televisión. En una historia como 'La odisea', donde la escala del entorno es tan protagonista como los propios personajes, recortar la imagen destruye el peso de la mitología. Ver la amenaza de los lestrigones en una sala convencional de centro comercial jamás transmitirá el mismo pavor ni la misma inmensidad que en un lienzo nativo de IMAX 70mm.
La frustración se acentúa al observar la cobertura que rodea a estas proyecciones exclusivas. Acepto una envidia sana hacia quienes tienen la oportunidad de vivir semejante espectáculo, alegrándome de que exista esa posibilidad para los amantes del cine. Lo que resulta indignante es el desperdicio del privilegio: ver a creadores de contenido acudir a estas salas solo para publicar un selfie con la entrada, acompañado de un "ya hablaremos de la película" que jamás llega. Reducir un hito de la ingeniería cinematográfica a mero postureo y contenido patrocinado (#publi), mientras una cantidad ingente de cinéfilos desearían analizar cada milímetro de esa proyección, evidencia la gran contradicción del cine actual: la búsqueda de la máxima calidad técnica al servicio del espectáculo de unos pocos.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!