15 Aug 2026 · 0 visitas

Producción española de apariencia americana, con un correcto sentido técnico pero de vacío sustancial. Una espina que rasga por completo la película de Guillem Morales, pero no por mala suerte, sino por falta de calidad. Un guion que fracasa en construir los pilares fundamentales de un drama y que resulta en una catástrofe de ritmo precipitado, pretencioso y antinatural.


El primer problema ya viene en su propio planteamiento. A veces no es necesario tanto contexto si se presume de buena presentación. Antes de ver esta peligrosa película para el entretenimiento, vengo de terminar 'Mientras duermes', dirigida por un director al que tengo aprecio por 'Rec', como casi cualquier español, me atrevería a decir. Balagueró no podía jugar mejor a las premisas con su protagonista, un Luis Tosar extremadamente peligroso, que ya de por sí la sinopsis lo pinta como el principal antagonista. Con su película nos confunde mostrando a este Luis Tosar como un santo y deseando la paz en la Tierra. Todo un prólogo que rompe en un instante con un simple movimiento de cámara. Es la transición perfecta para convertir toda una actitud buenista en pura psicópatía en unos minutos. Pero Guillem Morales no ha sabido lograr algo efectivo. El desarrollo de su historia es más importante que la propia introducción y quiere ir rápido al meollo, por lo que decide saltarse lo que debió haber sido una primera secuencia cocida a fuego lento y que se convierta en algo demoledor, porque estas historias tan trágicas tienen que sentar mal. No da tiempo a tener miedo o sentir preocupación si se nos arrebatan tan drásticamente los planteamientos iniciales. ¿Su hermana se ha suicidado y ahora ella se va a quedar ciega? Pues cuéntaselo a otro que le interese.

Porque es que no hay tiempo ni tregua para asimilar la vulnerabilidad de los personajes. Existe un duelo principal, que es la pérdida de un ser querido; algo que debería ser una dura experiencia que yo también quisiera soportar. Dicho así, deseo sentirme mal y poder comprender mejor el dolor de Julia (Belén Rueda), pero ni me va ni me viene. Y por culpa de esta prisa, los diálogos se evidencian por su pésima complejidad.


  1. ... y el CD se ha puesto en marcha, ¿lo has oído?
  2. Sí.
  3. ¿Y no te parece extraño? Que Sara estuviera escuchando música antes de... Además, odiaba esa canción.
  4. Julia...
  5. ¿Y si no estaba sola? ¿Y si estaba con alguien?


La deducción resulta ridícula. ¿Por qué resultaría sospechoso poner música antes de quitarse la vida? La gente escucha música en cualquier circunstancia. Forzar una pista para dotar de personalidad policíaca la película, es tan absurdo que, de lo pronto que llega, no genera intriga, sino desconcierto por la falta de lógica de los personajes. Una forzosa "misterización" a la que someten a todo el reparto secundario, obligando a los actores a poner miradas sospechosas y a comportarse como sociópatas para simular un peligro que no han sabido construir con el encuadre ni con la atmósfera.


Pero eso no es todo. Aunque el guion sea de la mayor atrocidad que he visto en mi vida, la dirección de Morales evidencia una puesta en escena inconsistente, llena de encuadres incomprensibles que parecen buscar una profundidad visual que no existe. Un proceso de escritura que tropieza en su intento de sonar trascendental, derivando en un intento de filosofía existencialista donde las reflexiones sobre la condición humana quedan reducidas a perogrulladas. Escuchar a los personajes dárselas de pensadores del siglo por frases del calibre de "si no puedes oír eres sordo, si has perdido un brazo eres manco, si no puedes ver eres ciego" causa vértigo del malo. Reducir la complejidad emocional a enunciados tan vacíos demuestra una clara falta de talento para la escritura dramática; las escenas no tienen más sentido que el de hacer avanzar el argumento principal a capricho de sus autores.

A esto se suma el recurso visual de ocultar los rostros de los personajes secundarios para simular la percepción de la ceguera. Aunque a nivel técnico requiere un grado de planificación, en pantalla es un truco ortopédico. Esta falta de peso dramático se extiende a giros que no revelaré, pero un descubrimiento de gran calibre debería reconfigurar la dinámica entre los personajes, pero en la práctica resulta un argumento secundario sin importancia. Si a la propia Julia parece no importarle por mantener esa actitud, el impacto es mí no existe.


A medida que el metraje corre de largo, la película incurre en un acoso físico y psicológico hacia la protagonista que es completamente gratuito. No se necesita ensañarse ni maltratar a Julia de forma tan despiadada para manipularla o justificar la persecución; la amenaza pierde efectividad cuando el sufrimiento se vuelve un mero espectáculo de sadismo visual. Y lo digo yo, que siempre defiendo este sadismo a propósito de un mensaje mayor.


En su tramo final, la película intenta articular una reflexión sobre la soledad y el miedo a la invisibilidad a través del monólogo del malo. La intención parece buscar desesperadamente conectar con las dinámicas psicológicas de obras como 'El silencio de los corderos' —donde se explora la mentira, la fascinación y la condición humana a través del gran personaje misterioso—, pero la comparación es casi un insulto. Aunque otra mucha gente la ha comparado con la psicología de Norman Bates en 'Psicosis', lo que sí me parece un disparate. Mientras que en los clásicos del género cada palabra del antagonista disecciona la mente humana, el discurso aquí suena tan plano que produce apatía, no en el buen sentido. El villano, descubierto con la facilidad de quien suma dos más dos, solo despierta el deseo de que se calle, pues su motivación no me perturba, sino que logra hacerme sentir rechazo ante un mensaje de lástima mal construido.

Pese al desastre estructural del papel, la película encuentra su único punto de apoyo en su segunda hora. Cuando abandona la falsa investigación psicológica y abraza el thriller de supervivencia puro. Todo es algo más disfrutable.


Que Julia deba simular que sigue ciega para sobrevivir aporta la forma y la lógica de las que adolecía el inicio. En este tramo, el único mérito técnico real que cabe reconocerle a la dirección es la sincronización entre la cámara y la pérdida de visión de la protagonista. Morales se daría cuenta que la película funciona sensiblemente mejor cuando se limita a la tensión física de espacio y movimiento y no cuando intenta teorizar sobre la existencia humana. No hace falta buscar lo que no se necesita.


Es un trabajo que cuesta verlo desde su sentido narrativo más que por el visual. Habría que darle un tirón de oreja a Morales para que ponga empeño en un guion que merezca la pena, una dirección que no sea pretenciosa ni presuntuosa y un montaje que se tome el tiempo requerido. Con estas cosas, a uno se le quitan las ganas de seguir explorando algunas filmografías.

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