La burla a la miseria | Crítica de 'La quimera del oro' (1925) SIN SPOILERS
03 Sep 2026 · 16 visitas

Esta película me ha roto por dentro y me ha dejado con la boca abierta. No tengo palabras para expresar lo que se siente al ver a un director dejarme completamente encandilado en una película sobre el frío estrenada en 1925. Chaplin era un adelantado a su tiempo y eso lo sabemos todos. Un genio absoluto del cine mudo y, para muchos, el mejor de aquella época. Es de los filmes que más contento me han puesto en mi vida, una magnífica ocurrencia tras otra donde Charlot le echa un par a todo. Le da igual quién sea o lo que sea: él prefiere ser un valiente ingenioso para salir de cualquier apuro. 'La quimera del oro' tiene algunas de las mejores construcciones cinematográficas de la historia, como una de las últimas secuencias, la de la cabaña en el precipicio, con ese stop motion de un muñeco simulando a un Charlot a punto de caer al vacío. Es de lo mejor que he visto en el cine temprano.


No puedo no pensar en 'Nanook, el esquimal' (1922). La diferencia es que aquí hay un humorista profesional de por medio. Ambas producciones comparten la definición del "film blanco": exploraciones en las nevadas montañas en busca de comida. Pero mientras Nanook es un documental sobre gente que sabía cómo vivir ahí, aquí hay un tío con bastón que se come su propio zapato para combatir el hambre. No es la búsqueda de la risa tonta, sino hacer dirigible la hambruna, dar ánimos a los que pasan hambre y enseñar a mirar con buenos ojos hasta lo imposible y más miserable.

'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)
'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)

Lo de comerse el zapato es una forma de satirizar el sufrimiento extremo. Ver esa escena es profundamente triste para cualquier ser empático y comprensivo. La desesperación de un hombre que, antes de recurrir al canibalismo, prefiere zamparse un objeto sólido: un zapato. Y no es solo un manjar de disfrute individualista, sino un salvamento grupal. La humanización y la empatía de Charlot se demuestran al servir a su compañero parte de su mismo calzado. Tratar el cuero hervido con una delicadeza que me hace verlo como una comida real. Pero es que no es solo eso, porque podría haberse limitado únicamente a comer, pero es que Chaplin decide ir más allá y ponerse ojeras. Aun así, es un completo logro que me ría con algo por lo que muere tanta gente a diario en el mundo. Lejos de hacerse ver como un monstruo, habrá sido el referente para mucha gente en la vida.


Es una concepción moral sublime que no se queda solo en el hambre, sino que se extrapola a los diferentes personajes y sus tendencias sociópatas. En muchas cintas de Chaplin hay un tipo con tendencia al acoso hacia las mujeres, solo que Malcolm Waite (Jack) da verdadera repulsión con esos aires de grandeza y supremacía. Charlot tampoco le hace frente directo o responde al conflicto físico, pero defiende a Georgia (Georgia Hale), oponiéndose de frente a Jack, que lo duplica en tamaño, para que no le ponga las manos encima. Lo único que echaría en falta es un bastonazo en la nuca. Prefiere defender a la chica que a sí mismo.

Georgia Hale (Georgia) y Charles Chaplin (el único buscador) en 'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)
Georgia Hale (Georgia) y Charles Chaplin (el único buscador) en 'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)

Esto último es en lo que se basa la relación entre ambos. Charlot es el romance más puro, inocente y elegante que he visto jamás. Georgia, a su vez, cuenta con uno de los desarrollos más grandes de los personajes de ficción. Es también un medio por el que diferenciar a dos tipos de hombre: primero, el de la lujuria; segundo, el de la calidez, el afecto y el valor. Con respecto a este trío, rememoro con placer la confusión del saludo de Georgia cuando Charlot entra en el <<dancing hall>>. Una escena tremendamente simple, pero exquisita. Me conmueve hasta lo más profundo de mi alma. O el baile de los panecillos, una maniobra que utiliza Charlot para ganarse el cariño de Gerogia. Podría sentirme partícipe de ese privado espectáculo, pero prefiero dejarle el espacio a él, que es su momento. Lo único que detesto entre estos es la posibilidad de comprensión y perdón aun cuando hay olvido, que a veces duele más que un disparo.

Charles Chaplin (el único buscador) en 'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)
Charles Chaplin (el único buscador) en 'La quimera del oro' (1925, Charles Chaplin)

Y sí, también podría hablar de la cabaña en el precipicio, pero qué decir que no se haya dicho ya. Una escena realizada hace un siglo que todavía sigue sorprendiendo. Esos efectos y realización es digna de admirar. Un completo adelantado a su tiempo. Ni siquiera sé qué palabras usar para describir la sorpresa que sentí al ver una planificación tan lograda. Una casa a punto de caer, jugando de manera lógica y realista a la gravedad, no solo con los figurantes moviéndose en el espacio, sino con los mismos objetos inmóviles. El stop motion del muñeco colgado en la puerta, que además, mueve las piernas. Lo que es impresionante para tratarse de un muñeco. Solo me queda aplaudir ante semejante hazaña visual.


Lo único decepcionante podría ser ver a Charlot convertido en un buscador de oro para convertirse en un partícipe del capitalismo, pero vamos, que desde el principio Charlot buscaba el oro casi como un pasatiempo, porque en cuanto comienza su experiencia en las tempestades, el oro deja de ser una idea en su cabeza. Enamorarse lo humaniza y aclara que nunca fue un completo interesado en las riquezas. De hecho, si el destino le beneficia, es por compasión entre compañeros, no por intereses propios. Pero vamos, que aun así, quién no disfrutaría del tesoro que tanto se busca cuando viven las desgracias que él experimenta.


Es una de las mejores películas que he visto en mi vida. Hacía tiempo que una obra no me dejaba con la sensación de perder la noción del tiempo. No miro el reloj ni me pregunto cuánto queda, sino es la curiosidad lo que me hace pensar en lo que podría venir en la siguiente escena, porque quiero saberlo. Me he reído mucho y he sentido una calidez en una película helada. No hay más que decir con esto último.

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